lunes, 17 de junio de 2013

La Tormenta.

Miro el desierto de mi corazón. Abro los ojos y veo un cielo completamente gris. Expectante, espero la lluvia para volver a ver el arco iris y comienzo a pensar sobre los colores de nuestra historia. Logro ver nuestros días rosas, los reflejos de sonrisas y alma blancas, veo ese verde en mis esperanzas pasadas. También recuerdo esa negra nube tóxica que luego de aparecer se llevó la vida de los colores hasta desaturarlos completamente.
¿Por qué todo está tan gris? Necesito de tus rayos de luz amarillos para ver mi rojo pasión que se esfumó.

Recuerdo aquellos días rosas y no puedo esperar más, quiero ver la lluvia caer, necesito ese profundo cielo celeste.

-Ya falta poco.


Corriendo en círculos eternos veo una gran gota que cayó en mi suelo. Dejo de correr y sonrío alegre con aires de locura. Mis tristes lágrimas comienzan a caer cuando los aires de la cruda realidad me abren los ojos de una bofetada y susurran a mis oídos Es una insulsa gota.


-¿Y?


La tormenta no llegó, pero esa gota significa algo. Miro el cielo y todavía veo un acechante gris pesado e intenso. Sigo mirando con una mirada cada vez más intensa y desafiante.
Truenos, tribulaciones, rayos, discusiones, relámpagos, crisis, ¡Tormenta! Es muy fuerte, no veo con claridad y en un parpadeo estoy empapada.

-Ya llegó.


El gran alivio. Un hermoso arco iris, un sol radiante y... ¡Sorpresa! El cielo es naranja. Regalo extra.